En un colegio secundario se produjo una vacante para el cargo de profesor de
Historia. Como es de rigor, para cubrirlo, se convocó al docente que correspondía según el orden de mérito. Cuando esta persona se presenta, las autoridades del colegio se percatan de que es no vidente.
Ni bien se hace cargo de sus funciones, el nuevo profesor solicita colaboración en aquellas tareas que no puede realizar debido a su discapacidad -llenar planillas, pasar lista, etc. Las autoridades, incómodas por la situación, encuentran una excusa para dejarlo cesante argumentando falta de personal auxiliar. El docente se queja por la injusticia de la que ha sido objeto, utilizando la conocida fórmula "me están discriminando". Pero las autoridades
se defienden argumentando: "no lo estamos discriminando, sino que lo tratamos como a uno más, exigiéndole lo mismo que al resto de los docentes".