Investigación
¿Hacen los profesores la vista gorda ante la deshonestidad académica de sus estudiantes?

Bridgest Murray

Resultaría inconcebible que un profesor hiciera como que no ve cuando sus estudiantes se soplan las respuestas durante un examen, no obstante lo cual algunos profesores de psicología admiten que con frecuencia pasan por alto semejante deshonestidad.

Según psicólogos y otros cientistas sociales, a pesar de que este tipo de conductas está adquiriendo alcance nacional, los profesores afirman que cierran los ojos ante ellas porque la situación los coloca en el incómodo rol de oficiales de policía en lugar del de educadores.

Según las psicólogas Patricia Keith Spiegel y Lisa Gray-Shellberg, la mayor parte de las políticas universitarias sobre deshonestidad académica intimidan a los profesores con reglamentos molestos y ambiguos. Los profesores no saben qué es lo que se espera de tales políticas y frecuentemente evitan recurrir a ellas. Muchos temen que los complejos procedimientos legales dañen su reputación y sienten que se trata de su palabra contra la de los estudiantes. Otros tienen problemas con los castigos. Hay quienes consideran improbable que bajándoles las notas a los estudiantes éstos abandonen sus conductas deshonestas, pero que expulsarlos de la universidad resultaría una medida demasiado severa.

Los directivos de las universidades están preocupados por tal actitud del cuerpo de profesores, y los psicólogos están liderando un movimiento que contribuya al desarrollo de una política más honesta y con definiciones claras, una política que esclarezca qué es y qué no es aceptable.

La gama de conductas deshonestas de los estudiantes es variada: plagiar, anotarse las respuestas en las manos, copiarse de un compañero, espiar las respuestas de los libros durante los exámenes. Algunos van más lejos, estableciendo complejos códigos con sus amigos para indicar cuáles respuestas marcar en las pruebas multiple choice.

Los estudiantes, por su parte, informan que ellos delegan en el cuerpo de profesores la puesta de límites a estas conductas por parte de sus compañeros, expresando su desacuerdo con los docentes que les permiten seguir adelante con ellas.

Según la psicóloga Keith-Spiegel «la deshonestidad académica es uno de los problemas más serios que debe enfrentar hoy la educación superior».

«Los profesores están angustiados a causa de ello, lo cual reduce la validez de la educación que los estudiantes están recibiendo».

Alcance del problema

Un informe realizado en 1990 por Keith- Spiegel revela que el 20 por ciento de una muestra de 482 profesores de Psicología habían ignorado evidencia fuerte de deshonestidad académica en al menos una ocasión.

En un seguimiento realizado en 1994 sobre 138 profesores de psicología, muchos sentían que «la angustia y el estrés de acusar a un estudiante y seguir el caso son demasiado intensos», y la mitad de ellos veían en el manejo de estos casos el aspecto más negativo de sus trabajos.

Una encuesta nacional dirigida en 1995 por Stephen Davis en la Emporia State University, indica la frecuencia de prácticas académicamente deshonestas: entre el 40 y el 60 por ciento de 2.153 estudiantes reconocieron haber tenido tal conducta en la universidad, y la mitad afirmó haber incurrido en ella en más de una oportunidad.

Las políticas en esta materia son interpretadas de maneras diferentes y muchas universidades están diseñando sus propias políticas, una práctica que se está generalizando pero que según Davis es cuestionable.

Para Davis, la ausencia de reglas confunde a los estudiantes acerca de qué es lo que los profesores definen como deshonestidad académica, haciéndola aparecer superflua.

Gray-Shellberg, de la California State University, se encuentra ayudando a los directivos de la universidad para desarrollar una política estricta y está dictando un seminario sobre integridad académica para elevar el conocimiento de valores tales como el respeto por sí mismo y la consideración por los otros.

Utilizando alegres secuencias animadas, su sistema multimedial Herramienta de Enseñanza Integrada, explorará la inmoralidad tras distintos tipos de deshonestidad académica y estará disponible a través de la Ball State University en 1997.

En varias universidades, los cursos sobre integridad son parte de esta política. En la University of Maryland, por ejemplo, los estudiantes que incurren en un acto de deshonestidad académica por primera vez, reciben una «X/F» en el curso respectivo: la X indica deshonestidad, la F indica aplazo. En el legajo académico del estudiante, la F tendrá carácter permanente, mientras que la X podrá ser retirada luego de un año si el alumno cursa un seminario de seis semanas sobre ética y responsabilidad comunitaria.

Según Gary Pavela, director de programas legales de la universidad, la política de Maryland ofrece así a los profesores una alternativa positiva ante la expulsión.

Para Pavela, ofreciendo a los estudiantes una oportunidad para modificar sus conductas, la universidad ha duplicado el número de incidentes reportados por el cuerpo de profesores y por los estudiantes desde la adopción de la medida en 1990.

La University of Delaware tiene también un sistema X/F el cual entró en vigencia hace tres años. En un seminario de siete semanas dedicado a la clarificación de valores, los estudiantes llenaron formularios de baterías para evaluación de personalidad, investigaron, escribieron acerca de la historia de la política de Delaware en materia de deshonestidad y escribieron cartas dirigidas a los miembros del cuerpo de profesores relatando sus sentimientos ante los incidentes de deshonestidad académica en los cuales habían incurrido.

Culturas de moralidad

Según un estudio en curso realizado sobre 4.000 estudiantes de 31 universidades a cargo de Donald McCabe en la Rutgers University, es mucho menos probable que incurran en conductas de deshonestidad los estudiantes de universidades con código de honor, que aquéllos de universidades que carecen de tales códigos.

Los códigos de honor comprometen a los estudiantes en un pacto de honestidad, requiriéndoles que se abstengan de incurrir en actos académicos deshonestos y obligándolos a informar en caso que presencien cualquier conducta de esa naturaleza. Las acciones disciplinarias son típicamente rápidas y severas. Normalmente, los códigos de honor están enraizados en las tradiciones de una institución, pero algunas universidades están comenzando a adaptar códigos de honor ajenos para adecuarlos a sus necesidades. En 1990, por ejemplo, el Consejo Directivo de la Universidad de Maryland aprobó una moción que exigía a sus estudiantes firmar un compromiso de honor para sus presentaciones y exámenes.

Un estudio sobre deshonestidad académica realizado en 1993 en la Universidad de Virginia por la profesora Kathleen May, encontró que muchos estudiantes creen que el código de honor promueve la honestidad.

Muchos creen también que la deshonestidad académica es una traición a sus propios compañeros. Como la mayor parte de los sistemas de honor, el de Virginia está confeccionado y controlado por los propios estudiantes, lo cual releva a los profesores de buena parte de la presión.

Hood College, una pequeña universidad de artes en la ciudad de Frederick, tiene también un código de honor controlado por los estudiantes y sus exámenes no son mayoritariamente sometidos a vigilancia.

Según Jeffrey Arbuckle, profesor de Hood, «De vez en cuando vigilamos los exámenes para refrescar a los estudiantes el valor que tiene el código de honor». «La reacción del estudiante es negativa. Ellos pierden el sentido de la confianza».

Aclarando áreas difusas

Gray-Shellberg cree que las universidades que carecen de políticas claras deberían iniciar un diálogo para discutir qué es lo que ellas consideran podría ser una buena política. Pueden discutir también qué conductas constituyen deshonestidad académica y determinar dónde ubicar sus formas ambiguas, tales como presentar el mismo trabajo a varios profesores diferentes.

Para una mayor clarificación, pueden tomar como referencia el Código de Etica de la APA, el cual define en sus standards 6.21, 6.22 y 6.23 políticas para informes de resultados, plagio y créditos de publicación.

Según Davis, la comprensión que tienen los estudiantes acerca de lo correcto y lo equivocado suele ser endeble. «Estudiar qué es lo aceptable y luego extraer de ello un modelo, constituye una responsabilidad ineludible.»



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