Una estudiante de odontología, de origen coreano, reside en el país desde los quince años. Si bien su integración educativa fue muy buena, mantiene un ligero acento extranjero y tiene dificultades en la redacción. Durante una materia introductoria de la universidad, debe rendir extensos exámenes escritos durante el horario de clases.
La docente a cargo del curso, al corregir el examen de la alumna, detecta muchos errores ortográficos y problemas de sintaxis con consecuencias semánticas. La docente reprueba el examen argumentando que su contenido es incomprensible.
La alumna, que dispone de los conocimientos requeridos, apela solicitando que
se la examine oralmente o por otro medio que no suponga la redacción escrita. La profesora se niega enfatizando el hecho de que en sus clases las condiciones son las mismas para todos, independientemente de su origen nacional.
Comentario:
La decisión de la docente de reprobar el examen escrito no puede ser objetada. En la medida que la sintaxis afecta problemas semánticos el contenido de la evaluación se ve comprometido.
La dificultad surge cuando la alumna apela, solicitando otro tipo de evaluación
que le permita desplegar sus conocimientos. Tratándose de una persona
que aún no maneja con fluidez el idioma, la docente debería tomar los
recaudos necesarios para evaluarla minimizando la influencia que tienen
sus dificultades lingüísticas en el acceso al conocimiento requerido. La
docente debería distinguir las dificultades de conocimiento de la alumna de
aquéllas derivadas del uso de la lengua escrita.
La docente, al negar tal posibilidad en nombre de condiciones igualitarias
para todos los estudiantes, transforma el origen lingüístico en un obstáculo
insalvable para la aprobación del curso.