Un hombre droga a su esposa, causándole la muerte por asfixia. Luego escribe a la policía relatando lo que hizo y anunciando cuáles serán sus siguientes pasos: abordará un barco, cargará su cuerpo con piedras y saltará al mar. Esta carta llega a la policía dos días después. Y efectivamente la policía encuentra a la mujer muerta, tal como el hombre lo había descripto e informa a la prensa: “buscamos al hombre, sospechado de haber cometido un homicidio premeditado”. Ahora bien, al entrar en el conocimiento de los detalles del acto cometido, se nos abre una perspectiva diferente. Sucede que la mujer tenía 86 años, padecía de mal de Alzheimer y estaba por morir. Su esposo de 78 años la cuidó con afecto durante mucho tiempo y no estaba dispuesto a seguir viéndola sufrir, y a permanecer él mismo sin ella. Lo que para la policía es un asesinato premeditado, puede ser visto desde otra perspectiva como una historia de amor.
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